domingo, 9 de agosto de 2020

Tu espalda

 Tu espalda es el lienzo en blanco que siempre quiero pintar. Es el pelo de la coleta que te dibuja mil y un recuerdos. Tu espalda, sí, ese inicio de camino cada noche, que recorro con mis labios una y otra vez la estela de lunares. Una constelación de sueños que abrazar para decirte que todo irá bien. Una mañana de desayunos y tostadas.

Y ahora mismo, tu espalda me enseña una página en blanco. La de mi escritora preferida. Una cabeza distraída con las nubes de pensamientos y la maraña de sentimientos cruzados. Mi espalda, ahí donde quiero morir cada noche.

Una espalda que guarda y protege cuando no puedo más con la vida, unos brazos que nacen de ella y me dan un techo y una casa donde pararme a quejarme del mundo. Ha aguantado tormentas y puñaladas, de esas que duelen y traicionan. Ha aguantado doble, por tí y por mí.

Tienes una espalda que curar de heridas y llenar de letras, que usar de página de libreta. Y hoy te regalo una tarde tranquila, contándote que hasta el fin de mis días tendrás la seguridad de que cuidaré de tu espalda, compañera. No es nada heroico. Consideralo un préstamos a mí misma. Considera que cuido de tí como de mí misma y lo entenderás. Es mi casa tanto como yo la tuya. Y ahí no llega nadie más. Te amo y había decidido escribirte algo sencillo y tonto que quizás te arranque una sonrisa. Unos párrafos a tu espalda, que es la mía también.

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