sábado, 12 de septiembre de 2020

El banco



—Déjame que te diga algo. Estoy muy borracha y no estoy segura que pueda recordar esto mañana... así que deja que te hable.


El banco se sentaba sobre la calle de la zona de marcha, como cualquier otro banco, Era un banco común, sin raza ni pedigré. Marzo había cruzado el ecuador de su primera quincena y aquella noche aunque no tenía nada de especial. Era una de estas noches de salida de fiesta, con su novia, la chica por la cuál todo su grupo de amigos había puesto el grito en la cielo. La relación complicada que se llevaba luchando más de tres años contra viento y marea. Danae sabía que su novia había luchado mucho por su orientación sexual y aunque mantenían una relación abierta, habían llegado al punto de que se sentían más seguras. Lo diferente de aquella noche no era que su chica le estaba comiendo la oreja al amigo pagafantas. Más bien todo lo contrario, bailaban tres chicas en aquella pista de baile. Danae y su novia, no muy juntas y la tercera en discordia. Solo Danae y la Galena sabían que sus corazones se agitaban al cruce de miradas entre bailes.


Galena, la llegada de fuera, para un viaje que resultó en el gran cambio de su vida se había enamorado de Danae. No había sido una tarea complicada, pues ambas habían conectado al instante. Se conocían por Internet y se habían labrado una honesta amistad. Cuando Galena le dijo que quería ir a Madrid a celebrar el ritual de fundación del Templo de Hekate en Madrid, Danae le dijo que no se buscara hotel. Aquello facilitaba mucho las cosas para que se pudiera quedar un par de días más y aprovechar para disfrutar del ambiente pagano de Madrid. Lo que ninguna se esperaba era que el mundo se les vendría encima cuando Galena salió por la puerta de la casa de Danae de Madrid. Galena la llamó al subirse al tren, preguntándose por qué no podía quitársela de la cabeza, dándose mil excusas para esas cosquillas en el estómago que empezaron a revolotear al separarse. Para darle a la situación la valentía de enfrentarse a los sentimientos y ponerse la una frente a la otra, Galena se había comprado un billete para pasar unos días con ella. única y exclusivamente para mirarla a los ojos. Para robarle el primer beso y dejar que las mariposas volaran sin freno.


Aquella noche, tan poco fuera de lo normal pero llena de besos a escondidas, canciones secretas y comentarios en clave, se convirtió en una de sus noches. Cuando la novia de Danae decidió largarse con el pagafantas y sobreponerse a sus justificados celos, la noche dejó de ser una noche más. Sonaron unas cuántas canciones de esas que de moda, de amor a distancia. La pista se prestó a unos cuántos bailes y ambas tomaron varias copas. Galena necesitaba disipar su extrema timidez para enfrentarse a los sentimientos y se le había olvidado que con su novio actual y todos sus anteriores novios, la cosa no había sido tan tremenda. "Estas sí son jodidas mariposas, de las de verdad" se dijo a sí misma dándole un trago a su cerveza y sonrojándose cuando Danae le cogía de la cintura y la sacaba a bailar.
Al rato salieron de allí y debieron caminar en medio de la calle, tentando a su suerte de que un coche pasara y tuvieran que apartarse. La adrenalina de bailar hasta fuera de la discoteca y el aire frío en unas mejillas ruborizadas hacía las cosas más interesantes. Galena recordó súbitamente que su novio aburrido y su vida de casita de muñecas no incluía alcohol y que quedaban muy lejos sus años de salidas universitarias.


Y la noche se sentó en un banco de madera de la calle, el banco más normal y común de toda la calle, de hecho un banco era como todos los demás bancos. Galena movía las manos de forma nerviosa. Ni siquiera era consciente de hacerlo. Era una de esas cosas que hacía cuando hablaba de temas importante o con gente que no conocía mucho. Danae pensó en que movía las manos igual que el día que la conoció en persona y le dio un vuelco el corazón. Se preguntaba si esa absurda inseguridad siempre sería así de tierna. Danae solo quería abrazarla, pero había decidido seguir en su habitual aparente calma, dejándola a ella hacer. Dejándola tomar las riendas del primer beso, de la primera conversación importante, de la primera noche en la que sus almas se tocaron más allá del cuerpo. Danae no era una persona lanzada y la chica le gustaba de verdad. La chica estaba en su cabeza desde febrero y no quería salir de ella.


Galena hizo una pausa dramática, tomó aire y trató de hablar. El destino de dos personas se condensaba sobre aquel banco.


—Déjame que te diga algo. Estoy muy borracha y no estoy segura que pueda recordar esto mañana... así que deja que te hable. Soy una persona intensa. No lo digo a la ligera. No le digo a todo el mundo que le quiero. Y bueno...creo que estoy divagando... en fin. Soy horrible, me cuesta llevar el hilo de una conversación.—Danae sonrió aunque ella no era capaz de mirarla a los ojos.—Bien...mírame, quiero decirte esto mirándote a los ojos.—pero Galena miraba al suelo y le costaba sostener la mirada de Danae, igual que las mariposas que ya hacía rato revoloteaban fuera de ella—Te quiero. Estoy enamorada de ti. No sé a dónde vamos a ir. No sé a dónde va a ir esto. Tengo mucho miedo. Nunca he sentido nada como esto con nadie. Es una de esas cosas que te pasan una sola vez en la vida. —las palabras se le atropellaban entre los labios pero por fin había conseguido ponerle rumbo a sus palabras— Sé que si no estoy contigo no me lo perdonaré nunca, no podré ni mirarle a misma al espejo. He estado con mucha gente, y he sentido muchas cosas, pero nunca nada así. Me haces volar. Te toco y sé que hemos compartido muchas vidas.


Danae, con su vestido negro de florecitas pequeñas y un maquillaje que ya se le había evaporado con los bailes, la miraba sin decir mucho, preguntándose si Galena de verdad se le estaba declarando. Galena hizo una pausa para dar lugar a la segunda parte del monólogo que sabía que no recordaría al día siguiente:


—Y por eso te tengo que decir que sé que será difícil. Mi vida no es complicada en absoluto. Ya lo sabes, llevamos meses hablando de mi novio. Por fin se ha decidido a vivir conmigo. Y llevo esperándole años. Ha estado todo éste tiempo haciendo todo de forma incorrecta, pasando de mí. Y no puedo creerme que ahora que te conozca se haya decidido a dar el paso. Llevo años detrás de él para ir de vacaciones juntos. Está montando su negocio para que lo llevemos juntos, mientras termino la universidad. Pero... yo ya no quiero nada de esta casita de muñecas que me ha montado. Hasta mis padres están contentos con él...no puedo creer que sea ahora cuando se arma de valor—Galena se tomó las manos y las puso sobre su regazo, un poco más triste al pensar en su novio—Es probable que me acojone y desparezca. Y sé que voy a volver. Te...te garantizo que voy a volver, te lo prometo. Pero me conozco a mí misma y sé que voy a necesitar tiempo para desmontar mi vida perfecta y venirme contigo. Voy a saltar. Voy a hacerlo y le voy a echar valor, por eso te pido que me esperes.


Danae se tomó unos instantes, tras el monólogo de Galena y la abrazó. Lo único que quería era quitarle el miedo y darle la mano para que el mundo se pusiera a sus pies.


—Te voy a esperar el tiempo que haga falta. He esperado toda una vida y quién sabe cuántas otras para que aparezcas. 
—Sí, Danae, pero es importante que entiendas que volveré. Te lo prometo.
—Lo sé.—aformó Danae.—Y yo te creo— Galena suspiró aliviada.
—Pongamos de testigo a la noche y a las estrellas.
—No se ven estrellas. Al menos no con la luz de éstas farolas.
—Entonces sea el banco nuestro testigo.
—Te amo. Estás loca pero te amo.



jueves, 20 de agosto de 2020

Te regalo un principio


Érase una vez un pianista sublime que quiso sentarse en una silla de director de cine. El chico tenía el talento suficiente como para enterrar todo Londres con su música. A la edad de 19 años ya había decidido que aunque no se lo permitieran iba a salir a tocar de gira con un pseudónimo, iba a ser el mejor. Su mayor logro fue levantarse por encima de aquellos que quería que fuera un anónimo profesor en una Escuela bastante especial, pero que quería disfrazarlo con un frac de abogado y hombre de negocios.


Un día se quedó colgado de una niña que le pintaba partituras en la mirada. Él la llamaba estrella y salían a pasear bajo la lluvia de un sombrío Londres. Aunque el humo de las fábricas cubría el cielo de sus días, el pianista nunca dejó de arrancarle sonrisas a la niña. Pasaron los años y se tuvieron que separar, pues el joven tuvo que ir a la universidad a aprender a ser un hombre de provecho. Su padre se lo había pedido y como en su país de origen hay que seguir las instrucciones del padre, no había opción a fallo. El muchacho expresó su disconformidad y sus ganas de entregarse en cuerpo y alma a la música, pero el padre de éste, quien le preparaba un buen devenir, Fue así como el padre del chico le preparó un viaje con su mejor amigo y los embarcó en unos años de juventud en una ciudad aún más gris que Londres.


El chico tuve que dejar atrás a su estrella y con los años, aunque trataba de buscarla y de regalarle cajas de lápices y sueños envueltos en papel de Hamleys's. La niña siguió creciendo, quizás más rápido de lo que le hubiera gustado. Poco a poco el pianista se convirtió en un ángel que pasaba por su mente. Estaba sin duda hecho de esa materia que son las buenas personas, especialmente las que te calman en medio de una pesadilla. La niña puso en su cabeza que el ángel que le había enviado cajas de lápices y mantas no podía ser de verdad. Poco a poco trató de recordar que el mundo del que venía no tenía muchos héroes. En sus andanzas por un Londres de fábricas, escuelas parroquiales y poco dinero con el que comer, no existían salvadores que la ayudaran. Su padre, además, como también venía del país en el que los padres son la máxima autoridad, le prohibió contarle a nadie quién era. 


Pasaron los años y esta historia subió el tono y el muchacho creció. La niña tuvo mucha suerte porque un buen día se la llevaron de su barrio del este de Londres y abandonó un agujero donde no hubiera terminado bien. Se la llevaron a una habitación bonita con una chica de clase alta. El pianista se hizo abogado, profesor y un gran mago. Ya lo era, pero al comprender que su padre le había marcado un camino por una razón, el chico creció y aprendió que en la vida todo sucede por algún motivo. Él también decidió poner a la muchacha en un rincón de su mente y pensar que era un ser de ficción. En su fuero interno, sabía que era de carne y hueso, pero quiso olvidarla.


Más años cubrieron las vidas de nuestros héroes y un buen día el destino inquebrantable, que todo o ve y lo teje, les unió. El muchacho se preparaba aquella mañana para recibir su primera lista de alumnos. A la hora del café de la mañana, frente a la mesa inundada de fruta y un desayuno que podría alimentar a familias enteras por una jornada. Miraba la lista. Vio un nombre que le inquietó y decidió aguardar antes de ponerse nervioso. Pero ya era demasiado tarde y su mente bullía con mil ideas, nombres a caballo y montañas de ideas conectando entre ellas.


La chiquilla, ajena a los sudores que ya le habían entrado a su futuro tutor, se preparó con su amiga del alma, su mochila, sus ganas de volar y su sus ilusiones. En el bolso no podía faltar la caja de lápices que le regaló una vez un ángel. Así que se puso el uniforme nuevo que le daría entrada a un mondo más adulto. Se hizo a la idea de que iba a aprender tanto que su vida iba a cambiar dando un giro de 180 grados. 


Y así entró la chica en el aula, con la risa tonta de su amiga y buscando el pupitre que llevaba su nombre. Todo en aquella escuela estaba etiquetado y categorizado, así que vio que su mesa y la de su mejor amiga estaban junto frente a la del profesor. 


Aquel individuo reposaba en su silla de docente, con el rostro escondido en una Odisea desgastada. Se le veía un mechón de pelo que a la niña le recordó a alguien. Cuando todo el mundo estuvo en sus puestos, el profesor levantó la mirada y se topó con la niña. Bajó el libro de la Odisea y sus miradas se cruzaron en un instante que se pintó de inexorable. La niña se quedó sin palabras cuando se dio cuenta de que su ángel estaba delante de ella, preguntándole si su nombre, tal y como aparecía en la lista, estaba correcto. Ella se quedó muda y solo reaccionó con el codazo de su amiga.


En las mentes de ambos solo resonaba una pregunta poco lógica dada la practicidad de la escena: "¿existes? ¿eres tú?" Y sí, aunque profesor y alumna estaban materializados uno frente a otro delante de otras 30 personas y tenían que continuar con la función, no podían dejar de hacerse este tipo de preguntas. Se quería tocar para darse cuenta de que no estaban hechos de la materia de la que los sueños son. El mundo se paró un instante para ellos y es aquí donde en realidad empieza nuestra historia.

jueves, 13 de agosto de 2020

Alex James

 Tengo un cliente que se llama Alex James. Te acabas de acostar y acaba de entrarme un caso. Curioso nombre y curiosa la vida. Siento que estemos en la cuarda floja. Te has ido a dormir y lo único que pienso es en ir a despertarte o en mirarte dormir. pero bueno, voy a sacar fuerzas del papel en blanco, que siempre está ahí para recogerme.

Esta es una de mis más sinceras declaraciones de amor, de que te quiero, de que no sé vivir sin tí, de que te necesito, de que necesito que seas feliz. Me gusta verte sonreír y que la vida te sonría. Que si pudiera quitarte todo lo feo de la ida, a tí y a Alex lo haría.

Son unas líneas tristes, unos renglones un poco torcidos pero sinceros. Que ya sé que las letras ya no me acompañan tanto como solían. Pero que tengo esperanza aún de reconstruirnos de crear juntas, de vernos bien. De terminar nuestros días rodeadas de libros y con mil publicaciones. Con los sueños cumpidos y un altar a neustra Diosa. Una chimenea y tu butaca de leer.

Te quiero, nunca he amado a nadie como te amo a tí, con este desgarro y esta naturalidad de nuestros días y desayunos. Son unas líneas chiquititas con el pretexto de quererte, de que lo sepas, de que si ahce falta lo escribo en el cielo. 

Y bueno, el señor Alex James vino a recordarme todos lo bueno, nuestro principio, nuestro Londres. La lluvia en la ventana cuando nos metimos en cama aquella tarde. El viaje donde fuimos libres en la ciudad gris. Los patos del río Henares. Las manitas de Alex pidiéndome que le lleve en brazos.El señor Alex James me trajo tus brazos cuando las cosas estaban feas. Me pregunto si aún te sirven los mios.

No me dejes, por favor. Sigo aquí.

domingo, 9 de agosto de 2020

De vuelta a la oficina

Mañana te espera un largo día y a mi también. Hace meses que no te vas a la oficina y aunque el peque y yo hemos preparado un dia Rodriguez te vamos a echar muchísimo de menos. Pero cuanto menos lo pienses mejor, porque se de buena tinta que el señor del Tiempo te quiere mucho y va a hacer que las horas se te pasen rápido. Solo cuídate y vuelve sanita y salva que nosotros nos encargamos de que el barco siga navegando. 
La aventura continua y tu no estás sola en este viaje.
Eres lo más bonito de esa oficina. De toda la ciudad y del planeta entero. 

Tu espalda

 Tu espalda es el lienzo en blanco que siempre quiero pintar. Es el pelo de la coleta que te dibuja mil y un recuerdos. Tu espalda, sí, ese inicio de camino cada noche, que recorro con mis labios una y otra vez la estela de lunares. Una constelación de sueños que abrazar para decirte que todo irá bien. Una mañana de desayunos y tostadas.

Y ahora mismo, tu espalda me enseña una página en blanco. La de mi escritora preferida. Una cabeza distraída con las nubes de pensamientos y la maraña de sentimientos cruzados. Mi espalda, ahí donde quiero morir cada noche.

Una espalda que guarda y protege cuando no puedo más con la vida, unos brazos que nacen de ella y me dan un techo y una casa donde pararme a quejarme del mundo. Ha aguantado tormentas y puñaladas, de esas que duelen y traicionan. Ha aguantado doble, por tí y por mí.

Tienes una espalda que curar de heridas y llenar de letras, que usar de página de libreta. Y hoy te regalo una tarde tranquila, contándote que hasta el fin de mis días tendrás la seguridad de que cuidaré de tu espalda, compañera. No es nada heroico. Consideralo un préstamos a mí misma. Considera que cuido de tí como de mí misma y lo entenderás. Es mi casa tanto como yo la tuya. Y ahí no llega nadie más. Te amo y había decidido escribirte algo sencillo y tonto que quizás te arranque una sonrisa. Unos párrafos a tu espalda, que es la mía también.

viernes, 24 de julio de 2020

Una que se siente torpe



A veces me siento torpe. Un pasito adelante y tres hacia atrás. Casi parece que me acerco y de nuevo me siento tan abajo. 

Un buen día me di cuenta de que cuando ya no puedes llegar más abajo lo único que te queda es tirar hacia arriba. Y entonces me encontré con tu mano, que me invitaba agarrarme al algo. Entre medias perdí algunas de las plumas de las alas, nada demisiado grave, ya sabes. Y mano continuaba con un brazo después. Un pecho donde tumbarme a descansar. Me brindaste una cama. Te convertiste en el banco de madrugada donde se sientan los adolescentes a fumar a escondidas de sus padres y a contarse secretos. Un suelo donde camiar. Unos brazos donde esconderse hasta que pase la tormenta.

Has vuelto a llevarme al fin del mundo y de nuevo he querido quedarme a dormir allí. Pasemos la tarde en una cama de Ilford mientras llueve y afuera no nos busca nadie. Arruguemos las sábamas. Rompámoslas. Y deja que el corazón lata, que es un músculo y necesita deporte. Pero a fin de cuentas, es contigo con quien termino los días. 

Hoy, después del teatro, te pediré que bailes conmigo hasta que Oasis te diga que eres mi Wonderwall y se te grabe a fuego. Para que no lo olvides. Para que no nos olvides. Estamos a una tormenta de distancia de tocar el cielo con los dedos. 

Te has pintado de muchos colores a mi lado, te has quitado las máscaras y todas las que hay me gustan. Te has vestido de mi compañera. Cuando las cosas se ponían difíciles, has sido mi amiga, la más fiel y leal. Un guardián feroz y maestro. Y todos están ahí para caminar a mi lado. Escribes y me haces volar y deshaces las lágrimas y las miras a la cara conmigo, como un prisma de muchas caras. Sigues siendo la persona más valiente que conozco y solo contigo me permito ser más yo, ese ser con recovecos que no buscar ser perfecto. 

Nunca los silencios fueron tan deliciosos, ni echarse a dormir y a descansar las neuronas fue tan fácil mientras te escuchaba respirar. Las mil y diez mil palabras que sostienen mis días de páginas en blanco. Te voy a dibujar sonrisas cada día. Con noches de cava en el balcón y desayunos eternos.

Esta entrada tan torpe es mi forma de darte las gracias con palabras. Por que no siempre se quedan las acciones y es bueno volver al inicio y recordar. Un gracias con el corazón abierto y las manos entrelazadas.

Te amo