domingo, 6 de octubre de 2019

la noche del hospital reparada con el método Kintsugi

Como tú me enseñaste, el Kintsugi, o arte japonés de reparar con oro los objetos rotos, se la considera el arte embellecer las cicatrices. Hoy estábamos el pequeño y yo volviendo a casa y venía pensando en las metidas de pata monumentales de los últimos tiempos. Al menos en las mías, claro. Y me sinceré conmigo misma y reconocí que no tenía el poder de echar las manillas del reloj y cambiar el pasado. Así que pensé que lo más sensato era regalarte algo que sí sé hacer: escribirte lo que pasó aquella noche.

Habíamos tenido unos días tensos en casa. Los invitados siempre te ponían de mal humor si no podías atenderlos. Yo tenía vacaciones y tú estabas enferma. La preocupación nos quitaba el sueño y aquellos días estaba, además de todo, Alex durmiendo en nuestra cama. Llegó la mañana en la que me pediste que me llevara a Alex y me pusiste tu móvil en la mano para que le hiciéramos caso. Me ofendió bastante, pero entendí que lo proponías porque estabas preocupada. Justo cuando me disponía a salir por la puerta, con el pequeño arreglado y listo para salir con nuestros amigos, me di cuenta de tus planes secretos de acercarte al hospital sola.

Sin pensármelo ni dos veces, te miré a los ojos y te dije "amor, te pillé". Cuando te expliqué que sabía tus intenciones, te reíste. A aquellas alturas, y después de 9 años juntas, ¿aún te sorprendes? El caso es que al final, nuestros amigos decidieron quedarse cerca de casa y llevar al niño a dar una vuelta para luego ver una película con él. Nunca podré estar más agradecida de que nos hicieran de canguro aquella tarde.

Y tú, con el habitual mareo que te rondaba en las últimas semanas, llamaste un taxi. Tuvimos mucha suerte porque el taxista fue muy divertido y nos hizo bromas por el camino. Era 15 de Agosto y aunque la mayoría de hospitales estaban cerrados, pudimos usar el del seguro de mi empresa. Siempre te había gustado el Metropolitan, Eso de que el baño se limpiara sólo te fascinó desde nuestra primera visita.

Esperamos. Esperamos más. Nunca te lo he dicho, pero amo ir a los sitios de esperar contigo. Es algo así como robarte tiempo al tiempo. Es eso de estar en un no lugar contigo y convertirlo en un rincón nuestro. Pero como te iba contando, nos hicieron esperar bastante. Tú parecías más animada, aunque mareada. Mientras te daba reiki te hacía bromas que consiguieron calmarte. Los médicos pidieron hacerte pruebas de muchos tipos. Creo que tú estabas algo asustada. Pero bueno, como haces siempre, me mandaste al periptero de abajo, solo por si te daban una mala noticia, que no estuviera cerca.

Tensión. Como si nos hubiéramos clavado alfileres bajo las uñas. Pero los médicos te dieron los resultados y una receta de vitamina D. Amor, tus niveles estaban por debajo de lo debido y estabas mareada, perdida. Pero gracias a aquella tarde en las que le dimos la vuelta al reloj en el hospital, pudiste ponerte bien en pocos días. El doctor te hizo un listado de complementos alimenticios para que tu cuerpo recuperara la vitalidad.

Y yo quería matarte. Te miré a los ojos y te dije: "cariño, te dije que no comieras solamente souvlaki las dos semanas que estuve en Ámsterdam". Y tú me respondiste, mientras el taxi nos traía de vuelta a casa "pues no te vayas nunca otra vez y verás que como mejor". ¿Y sabes qué? Tienes razón.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Una habitación propia para dos

Un buen día, un día corriente sin que hubieran más acontecimientos especiales entraste en mi vida.  Hoy seis años que cerramos una etapa de nuestras vidas que dio otro portazo. Y ahora siento que ni las letras me salen para decirte que hoy y siempre, me quedo contigo. Me quedo a tu lado porque sabes que no hay nadie que pueda eclipsarnos cuando conjugamos nuestro verbo preferido en cualquier idioma. Veo un muro de inseguridades y la pata de la duda asomándose por la puerta y temblamos como la hoja de un árbol.

Déjame que te cuente que cuando cierro los ojos las únicas manos que veo moviéndose sobre un piano son las tuyas. Si quieres te digo que cuando el mundo se tambalea tú eres mi único puerto seguro en el que desembarcar. Si la noche me atrapa tú estás ahí, haciéndome una casa con tus brazos y dándome el agua de beber que necesito. Hay amores, como dice la canción, que se vuelven resistentes a los años. Y hay cosas ni que la fuerza de una tormenta eléctrica no puede destruir. Y que siguen siendo tus manos las únicas que se agarran a mis caderas cuando vienen curvas. No me canso de decirte que contra el mundo y viento y marea, tú, mi compañera, mi amor de por vidas, el suspiro que me hace volar. Musa, maestro y guardián.

No me riendo ni me canso, me da igual que la vida quiera ponerme del revés. Por eso es que he decidido crear con palabras, poniendo el aliento a las paredes y montando el escritorio perfecto donde quieras sentarte con una taza de té a escribir nuestras vidas. Hoy decido sentarme a tu lado y reírme de ti porque me has cambiado el Tsípouro por una botella de agua de dos litros.

Agárrate fuerte mi amor, que he diseñado una habitación propia para ti y para mí. Para las dos.