viernes, 24 de julio de 2020

Una que se siente torpe



A veces me siento torpe. Un pasito adelante y tres hacia atrás. Casi parece que me acerco y de nuevo me siento tan abajo. 

Un buen día me di cuenta de que cuando ya no puedes llegar más abajo lo único que te queda es tirar hacia arriba. Y entonces me encontré con tu mano, que me invitaba agarrarme al algo. Entre medias perdí algunas de las plumas de las alas, nada demisiado grave, ya sabes. Y mano continuaba con un brazo después. Un pecho donde tumbarme a descansar. Me brindaste una cama. Te convertiste en el banco de madrugada donde se sientan los adolescentes a fumar a escondidas de sus padres y a contarse secretos. Un suelo donde camiar. Unos brazos donde esconderse hasta que pase la tormenta.

Has vuelto a llevarme al fin del mundo y de nuevo he querido quedarme a dormir allí. Pasemos la tarde en una cama de Ilford mientras llueve y afuera no nos busca nadie. Arruguemos las sábamas. Rompámoslas. Y deja que el corazón lata, que es un músculo y necesita deporte. Pero a fin de cuentas, es contigo con quien termino los días. 

Hoy, después del teatro, te pediré que bailes conmigo hasta que Oasis te diga que eres mi Wonderwall y se te grabe a fuego. Para que no lo olvides. Para que no nos olvides. Estamos a una tormenta de distancia de tocar el cielo con los dedos. 

Te has pintado de muchos colores a mi lado, te has quitado las máscaras y todas las que hay me gustan. Te has vestido de mi compañera. Cuando las cosas se ponían difíciles, has sido mi amiga, la más fiel y leal. Un guardián feroz y maestro. Y todos están ahí para caminar a mi lado. Escribes y me haces volar y deshaces las lágrimas y las miras a la cara conmigo, como un prisma de muchas caras. Sigues siendo la persona más valiente que conozco y solo contigo me permito ser más yo, ese ser con recovecos que no buscar ser perfecto. 

Nunca los silencios fueron tan deliciosos, ni echarse a dormir y a descansar las neuronas fue tan fácil mientras te escuchaba respirar. Las mil y diez mil palabras que sostienen mis días de páginas en blanco. Te voy a dibujar sonrisas cada día. Con noches de cava en el balcón y desayunos eternos.

Esta entrada tan torpe es mi forma de darte las gracias con palabras. Por que no siempre se quedan las acciones y es bueno volver al inicio y recordar. Un gracias con el corazón abierto y las manos entrelazadas.

Te amo