Un buen día, un día corriente sin que hubieran más acontecimientos especiales entraste en mi vida. Hoy seis años que cerramos una etapa de nuestras vidas que dio otro portazo. Y ahora siento que ni las letras me salen para decirte que hoy y siempre, me quedo contigo. Me quedo a tu lado porque sabes que no hay nadie que pueda eclipsarnos cuando conjugamos nuestro verbo preferido en cualquier idioma. Veo un muro de inseguridades y la pata de la duda asomándose por la puerta y temblamos como la hoja de un árbol.
Déjame que te cuente que cuando cierro los ojos las únicas manos que veo moviéndose sobre un piano son las tuyas. Si quieres te digo que cuando el mundo se tambalea tú eres mi único puerto seguro en el que desembarcar. Si la noche me atrapa tú estás ahí, haciéndome una casa con tus brazos y dándome el agua de beber que necesito. Hay amores, como dice la canción, que se vuelven resistentes a los años. Y hay cosas ni que la fuerza de una tormenta eléctrica no puede destruir. Y que siguen siendo tus manos las únicas que se agarran a mis caderas cuando vienen curvas. No me canso de decirte que contra el mundo y viento y marea, tú, mi compañera, mi amor de por vidas, el suspiro que me hace volar. Musa, maestro y guardián.
No me riendo ni me canso, me da igual que la vida quiera ponerme del revés. Por eso es que he decidido crear con palabras, poniendo el aliento a las paredes y montando el escritorio perfecto donde quieras sentarte con una taza de té a escribir nuestras vidas. Hoy decido sentarme a tu lado y reírme de ti porque me has cambiado el Tsípouro por una botella de agua de dos litros.
Agárrate fuerte mi amor, que he diseñado una habitación propia para ti y para mí. Para las dos.